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l'esprit des choses.

Los franceses hablan del espíritu de un perfume para referirse a la esencia de su aroma, en otras culturas hablan del espíritu para referirse al clima y aroma en el pico de una botella de vino después del descorche, los Babalaos se contactan con espíritus para leer el futuro pero, la raíz de la palabra espíritu se vincula al verbo spirare que se traduce como soplar y si indagas sobre su etimología consigues otras traducciones del ruso, griego y japonés como respiro, panza, vida, animal y diafragma. Exactamente, nada similar a lo que el imaginario colectivo latinoamericano podría arrojar en primer plano: una estampilla del espíritu santo o gente meditando.

Si te pregunto por el espíritu de tus ideas, tendrías respuesta ¿verías la esencia? Piensa en la mejor conversación que has tenido en lo que va de año y date cuenta que su valor no está en las palabras sino en el espíritu que revives con ella, detente a sentirlo ¿lo sientes? ¿cómo está tu relación con lo espiritual ahora?

Conectar con tu espiritualidad es necesario para tus ideas y esa relación estrecha vive en medio de tus lenguajes pero, aquí es donde se hace relevante recordar que al vocabulario le ha tomado miles de años tejer todo el conocimiento que se esconde entre una lengua y otra. Si dimensionas eso a una escala de cerebros, las palabras serían algo, más o menos así como el chisme más primitivo de la humanidad, es decir, hoy por hoy ser un buen chismoso es importante. Lo retador de esto es que el significado de las palabras cambian según el ecosistema en que se dicen y me atrevo a decir que muchas veces son una trampa del tiempo. 

Una trampa donde la forma de la sociedad le impregna el espíritu a las ideas, abriendo un abanico de posibilidades para se vuelva más fácil o difícil el poder venderlas y sostenerlas. No se, piénsalo.

Marli

www.cerebrollo.guru

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